Skip to main content

Advierten que la caída de árboles en la Ciudad se podría haber evitado


Pasaron algunos días después de las tormentas que generaron tantos caos y destrozos en todo el AMBA, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de que todavía se ven algunas cuadrillas trabajando en algunos barrios porteños, todavía quedan restos de ramas, árboles y estructuras que fueron afectadas y que siguen obstruyendo la vía pública.


Uno de los grandes interrogantes que se hacen vecinos y distintas agrupaciones es el motivo que generó tantas pérdidas, entendiendo que los vientos y ráfagas hicieron estragos pero calaron más hondo de lo que se podía prever.

En ese sentido, se registraron que más de 660 árboles fueron destruidos el fin de semana, y según indican, esto puede representar más de una semana para las áreas afectadas sean despejadas para volver a la circulación y estética habitual.


Según publicó el diario La Nación, Carlos Roberto Anaya, ingeniero agrónomo arbolista, certificado por la Sociedad Internacional de Arboricultura (ISA, por sus siglas en inglés) y presidente de la Asociación Civil de Arboricultura, recorrió distintos barrios empezando por Caballito, Recoleta y Núñez, en el límite de la Comuna 12, y explicó que le generó una sensación similar a los destrozos en New Orleans de 2005 por el huracán sufrido.


“Cuando se generan vientos de más de 60 km por hora, cualquier estructura vertical se puede caer. Sin embargo, en la recorrida me llamó la atención encontrarme con mayoría de ramas arrancadas y hasta árboles caídos sanos, verdes, arrancados, dearraigados. Es entonces cuando uno se pregunta cómo es posible. Y la respuesta aparece en la poda frecuente, excesiva e indiscriminada que sufren los árboles de la ciudad”, explicó Anaya responsabilizando en cierta medida al Gobierno de la Ciudad y empresas a cargo de la poda en su momento.


Allí afirmó que podar árboles de manera sistemática, solo por cumplir lo programado y atender reclamos de vecinos, genera se los despoja de los servicios ambientales que ofrece, dejándolos más débiles y vulnerables ante tormentas como las del fin de semana pasado.También aclara que la situación podría haberse vuelto más crítica si la Ciudad no realizara las podas periódicas programadas, que implica el corte de copa cada cinco años.


Por otro lado, desde algunas agrupaciones reconocen creer que existe una poda excesiva y eso debilita mucho al árbol porteño, que suele ser alto esbelto o de tipo palmera, y eso impide el equilibro frente a vientos y temporales fuertes. “Basta de mutilar nuestros arboles” es un grupo que se encarga de velar por esta situación y exige que las podas se realicen en función de las necesidades y no por calendario programado.


Andrea Di Giácomo, titular de la organización, argumentó además que “los árboles que más resistieron fueron aquellos que no fueron podados”, principalmente porque los viejos no tienen esas heridas de poda que sí tienen los nuevos, además, porque el follaje frondoso puede resistir mejor el golpe de los vientos. Desde la organización advierten que las podas realizadas superan las 70.000 por año, a razón de 20 o 30 por día en la Ciudad.