Skip to main content

Cromañón: El escenario de la muerte

cromañon

Todo se está preparando para la primera misa que realizará la iglesia en honor a las víctimas. El micro que transportará a muchos de los padres todavía no llega. Hay gente que va y viene. En los asientos que donaron algunas empresas, dos jóvenes rompen en llanto. Una mujer que parece ser una asistente social intenta consolarlos, trata de explicarles lo que no tiene explicación. De fondo suena Callejeros, dos adolescentes se ponen a bailar, como aquella noche del 30 de diciembre. Alguien se queja y pide que saquen inmediatamente esa música. Se enciende nuevamente un silencio de misa, como dice el tema más famoso de la banda.

En esta nota un dato revelador confirmado por muchos de los padres de las víctimas


“Mi hermano no figura en la lista oficial de muertos de Cromañón. Me lo entregaron directamente del hospital. Y como el mío hay muchos casos más acá. La cifra real de fallecidos es mucho más grande. La información que nosotros tenemos es que los muertos son arriba de 300. Mi hermano murió y en el Ramos Mejía figura como dado de alta. El Gobierno de la Ciudad busca achicar el número para encubrir” sentencia Pablo Estarosta quien también perdió a su primo esa noche.


Medios nacionales, locales e inclusive la misma justicia repite el número “192” constantemente como cifra oficial. Pero aquí, en Cromañón las versiones son otras.


María Cristina Quevedo “Dicen que son 192 muertos pero son muchos más, y eso los padres lo sabemos, lamentablemente no lo podemos demostrar. Porque no podemos llegar a la lista que tienen ellos. Esa noche acá hubo muchos inmigrantes, mucha gente indocumentada, entonces le dieron un par de pesos a la familia para que se vayan y no jodan. Y así se arregló la cantidad de muertos que hubo en Cromañón”.


María es la madre de Jacqueline Santillán (29) una de los dos periodistas (junto con Luis Santana (28) de Crónica TV) que fallecieron en Cromañón. Su hijo de 14 años, hermano de Jacqueline, también perdió la vida en el año 2002 víctima de un hecho de gatillo fácil (ver recuadro). Mientras hace sus declaraciones sostiene la foto de su hija. Su voz es firme, enérgica. Su mirada se clava en mis ojos y al ver la luz roja del grabador comienza a disparar nuevamente “Quisiera que a Ibarra lo condenaran por dolo eventual, hoy mueren nuestros hijos en un boliche, en un jardín o nuestros viejos en un geriátrico, nadie nos cuida. Sé que eso no va a ocurrir, él tiene muchos ´amiguitos’, hasta el propio Presidente es cómplice de él. Y el asesino a veces no es el que va y mata a alguien, el asesino también es el que calla”.


La muerte está omnipresente en este lugar, su presencia, se percibe. En el fondo, contra el vallado que delimita a la disco, donde la parca hizo su aquelarre, están las fotos de muchos de los jóvenes y niños que no pudieron escapar de su daga. Miles de crucifijos, zapatillas como símbolo, estampitas, frases escritas a mano, “resistan por mí” dispara un retrato.


Esos rostros son jóvenes, muy jóvenes, desbordan energía por su mirada, se ven alegres, parece nada preocuparles. Son las fotos que suelen estar –con un decorativo portarretrato– en la cómoda de una abuela orgullosa de sus nietos. Pero no, esas caras que parecen celebrar la vida, están aquí, en Cromañón, donde el demonio ganó otra partida.


Desde la política hay una clara estrategia para que Aníbal Ibarra y su gobierno puedan escapar de las llamas y el humo de Cromañón, quizás ellos encuentren la puerta de emergencia abierta. “Lo del plebiscito es una payasada, es todo un juego político porque se quieren seguir quedando en el poder y está haciendo su propia elección porque sino él tendría que presentarse a la justicia y ponerse a la orden de la jueza y que lo investigue, se está queriendo salvar” dice Carmen Ledesma que acompaña a su marido quien perdió a su hijo, Nicolás Adrián Nievas, de 17 años.


La mayoría de la gente que transita este lugar neurálgico de la ciudad pasa indiferente por el santuario. Algunos se detienen, miran las fotos, continúan con su marcha. Una cronista de Canal 9, loockeada al estilo CNN arregla con uno de los padres para hacer una nota en cámara.


Me alejo del lugar y el escenario de la muerte va quedando atrás, Cromañón es para mí, como ciudadano más, un hecho aberrante y como periodista una nota o una historia más que cubrir y contar. Pero para ellos, los que van quedando a mis espaldas, los padres, los que perdieron la vida y los que pudieron salir corriendo, es el lugar donde se detuvo el reloj. Cientos de almas se apagaron esa noche y otras miles pudieron salir físicamente de Cromañón. ¿pero podrán escapar realmente alguna vez?
________________________________________

La vida por ayudar

Jacqueline Santillán (29), periodista, fallecida en Cromañón

Sus amigos dicen que “soñaba con cambiar el mundo y trabajaba cada día de su vida para ello”. Desde su programa de radio “Socialmente” que se transmitía por la emisora FM Class de Caseros organizaba recitales solidarios para juntar ropa para los internados del Hospital Borda, “mis locos” como a ella les gustaba llamarlos. Podía vérsela los fines de semana peregrinando por diversos hogares de chicos pobres tratando de dar lo poco que tenía. Su solidaridad era tan elocuente que hace poco ganó el premio “Gota en el mar” entregado por la Fundación Sopenia por su trabajo periodístico-solidario.


En reconocimiento a ese premio el Círculo de la Prensa de Buenos Aires le otorgó una beca para que realizara la carrera de periodista que ella tanto soñaba. Durante el 2004 “Jackie”, como la llamaban sus allegados, cursó el primer año. Sus pasiones eran el periodismo, sus dos hijos, Melanie de 3 años y Matías de 7 años, y el tenderle una mano desinteresada a quien la necesitara “no hay mayor satisfacción que la que se logra luego de haber ayudado a alguien” repetía.


Pero esta joven luchadora de 29 años tenía un dolor en su corazón que le servía de motor para llevar adelante su batalla diaria. Su hermano menor, Hugo Daniel Ramos, de tan solo 14 años perdió la vida en un hecho de gatillo fácil el 24 de octubre del año 2002 en la localidad de Avellaneda.


A partir de ese hecho se vinculó a COFAVI (Comisión de familiares de víctimas indefensas) y desde allí luchaba junto a su madre por el esclarecimiento y castigo de los culpables de la muerte de su hermano y de otras víctimas de la violencia social.


El 30 de diciembre fue a cubrir el recital de Callejeros en Cromañón en agradecimiento a la banda por haber tocado desinteresadamente en recitales que ella había organizado para recaudar fondos en beneficio de los demás.


Cuando se desató el incendio logró salir con vida de la disco, pero su espíritu la empujó a volver a ingresar para rescatar gente que todavía se encontraba adentro. Al reingresar al local encontró la muerte.