Dolor en Saavedra: murió Daniel Buira, creador de La Chilinga y referente de la percusión argentina
El histórico baterista de Los Piojos falleció a los 54 años tras descompensarse en una sede de La Chilinga. Su legado trasciende la música: formó generaciones y dejó una huella cultural y solidaria en barrios como Saavedra.
El hecho ocurrió cerca de las cuatro de la mañana del sábado, en una de las sedes de la Escuela de Percusión La Chilinga, en El Palomar. Según las primeras informaciones, Buira —quien era asmático— comenzó a tener dificultades para respirar, pidió ayuda y se desmayó en el patio del lugar. Minutos después llegó una ambulancia del SAME, pero los médicos no lograron reanimarlo. La Fiscalía N° 8 de Morón inició una causa por averiguación de causales de muerte y ordenó pericias y la correspondiente autopsia.
Más allá del impacto por su muerte, Buira deja una marca difícil de dimensionar. Fue el primer baterista de Los Piojos, banda que integró desde su formación en 1988 hasta 1999, participando en la grabación de sus primeros cinco discos. En 2024 había vuelto a tocar con el grupo en su reunión, reavivando un vínculo que nunca se terminó de cortar.
Un artista comprometido desde lo social
Pero su historia no se explica solo desde el rock. En octubre de 1995 fundó La Chilinga, un proyecto que nació casi de manera espontánea el 3 de ese mes, cuando un grupo de amigos empezó a ensayar con tambores bajo su dirección. El nombre, tomado del tema “Chinga Chilinga” de Rubén Rada, ya marcaba el pulso de lo que vendría: una propuesta colectiva, rítmica y profundamente latinoamericana.
Con los años, La Chilinga se transformó en mucho más que una escuela de percusión. En barrios como Saavedra, donde tiene una de sus sedes en Ruiz Huidobro y Goyeneche, el proyecto se consolidó como un espacio cultural abierto. Allí funciona su galpón, donde además de clases y ensayos se desarrollan iniciativas solidarias, como El Comedor de Santi, integrando lo artístico con lo comunitario.
Buira también tuvo una trayectoria extensa como músico sesionista y acompañó a artistas de distintos géneros: desde Vicentico, Fito Páez y Pedro Aznar hasta Mercedes Sosa, Calle 13 y Los Cafres. Incluso impulsó su propio proyecto, No Bailo, donde fusionó el rock con la percusión, una búsqueda que lo definió durante toda su carrera.
Su muerte se produce, además, en la antesala de una fecha significativa: el 24 de marzo. Cada año, La Chilinga participaba activamente en los actos conmemorativos junto a sus alumnos, reafirmando el compromiso social que siempre atravesó su propuesta.
Hoy, el silencio contrasta con el sonido de los tambores que durante años impulsó. En Saavedra, en El Palomar y en cada lugar donde haya alguien golpeando un parche con identidad propia, el eco de Buira va a seguir sonando.